ENTRADA 0: EN LOS PREÁMBULOS
0.3: PREAVISOS: NO EXTRAPOLAR
Marzo 2025
Los Géneros no son ni Clases, ni Castas, ni Razas, ni Pueblos, ni Comunidades. Se debe tener mucha precaución con las analogías inmediatas entre todo ello: hay diferencias significativas de propiedades.
Hay un peligro en trasladar la modelización de unos conflictos a otros con el piloto automático puesto, en aplicar al estudio del sexismo, por ejemplo, los modelos provenientes del estudio del racismo.
No es ahora el momento de profundizar en ello, pero si podemos adelantar algo: la relación entre los géneros (y más concretamente, entre mujeres y hombres) es mucho más vinculante que la que se da entre las razas o las clases;
toda sociedad humana (estabilizada) es una mancomunidad sexual, o de género, incluso aunque no lo fuera de una manera voluntaria.
Porque los géneros no funcionan exactamente igual que las castas. Puede haber cosas en común, pero muchas otras no. Con la aplicación de la llamada «interseccionalidad» se nos coloca en bandeja una homologación de todas las revindicaciones, y todo parece más comodo. Pero el género lo que necesita para evolucionar y liberarse de ataduras no es solo reivindicación y lucha,
lo primero que necesita el género es estudio, conocimiento y entendimiento.
Tampoco los problemas por discriminación son todos iguales, no manifestándose del mismo modo la marginación por raza que la marginación por género o que la marginación por clase social: cada caso tiene sus propias características (e hilando más fino,
la conflictividad entre diferentes no se reduce a la sola cuestión de la discriminación,
por cierto). No es tan fácil como podemos creernos el saltar de la casta al sexo, del obrero a la raza, etc. Las circunstancias entre mujeres y hombres no son en todo equivalentes a las que se dan entre ricos y pobres (o entre personas de color y “rostros pálidos”, etc).
El enfoque conjunto presenta sus ventajas pero también su inconveniencia: el olvido de un estudio específico para cada problema. Un riesgo de la interseccionalidad es, precisamente, la pérdida de dicho sentido de lo específico:
no todos los cánceres son del mismo tipo ni requieren el mismo tratamiento…
Por todo ello se pide prudencia, a la hora de extrapolar la lógica de una teoría que piensa al género a otras identidades, tales como la raza o la casta.
Un ejemplo extremo puede resultar crudo pero ser muy elocuente: sabemos que un pueblo o nación puede llegar a exterminar a otro, igual que una raza podría causar el exterminio de otra (nos parece plausible en teoría, porque tampoco consta que haya sucedido nunca, al menos en términos absolutos). Pero
resulta inimaginable pensar que mujer y hombre pudieran exterminarse el uno al otro, o la otra al uno.
Sin entrar en pormenores (dejemoslo por ahora en un «se necesitan»), esto ya nos indica que las circunstancias de género y raza no van a ser equiparables en todo.
Se ruega, en definitiva, que no se apliquen reglas de tres sobre una teoría como la que se avecina en estas páginas (y que promete poner patas arriba el género), y que no se trasladen sus conclusiones, por inducción y de manera automática, a otras secciones problemáticas como la raza o la clase (y en general, a otros órdenes del pensamiento). O cuanto menos, procédase con suma prudencia al intentarlo.
-Porque «intra-secciones» queda tanto por resolver…
Equigenerisma